El crudo testimonio fotográfico de Luis Tato en Kenia

VICENÇ BATALLA | Luis Tato, delante de su exposición Elecciones de 2017 en Kenia en la iglesia de los Dominicanos de Perpiñán
VICENÇ BATALLA | Luis Tato, delante de su exposición Elecciones de 2017 en Kenia en la iglesia de los Dominicanos de Perpiñán

VICENÇ BATALLA. Hay vocaciones que surgen por azar. El fotoperiodismo del barcelonés Luis Tato ha pasado en poco tiempo de ser local a tener un carácter internacional y ubicarse en Nairobi. Llegado a la capital keniata un par de meses antes, al barcelonés le tocó cubrir el año pasado las accidentadas elecciones en el país repetidas hasta dos veces y con un balance de un centenar de muertos. Lo hizo para la agencia AFP y una de las crudas imágenes de su exposición fue la escogida para ilustrar el programa de la treintena edición de Visa pour l’Image en Perpiñán, la primera quincena de septiembre. Con la conversación que mantuvimos con Tato, y el trabajo del sudafricano John Wessels sobre la vida, la violencia y otros aspectos en la República Democrática del Congo, inauguramos una serie de artículos sobre las fotos de actualidad y los autores y autoras vistos en la cita perpiñanesa.

Si Luis Tato ha fijado en estos momentos su residencia en Nairobi tiene bastante que ver con la crisis del periodismo y el fotoperiodismo en España. Hasta no hace mucho, este espigado y joven fotógrafo trabajaba en la redacción de La Vanguardia cubriendo noticias locales y de cuando en cuando partidos del Barça. Pero la drástica reducción de plantilla en el diario, que tocó de lleno a la sección gráfica haciendo bajar el número de fotógrafos de una veintena a una quinta parte, lo dejaron en la calle. Durante un tiempo se dedicó a la publicidad e incluso a bodas. “Pero no me sentía cómodo porque, a mí, me gustan las noticias, me gusta el fotoperiodismo”, nos explicó como introducción un Tato al principio poco acostumbrado a ser el entrevistado pero que a medida que transcurría la conversación fue cogiendo seguridad sobre su trabajo actual en África.

Aconsejado por compañeros suyos de profesión, decidió ir a vivir a la capital keniata como plataforma para trabajar en todo el este del continente. Y, al poco de llegar, recibió la confianza del jefe de fotografía de la Agencia France Presse (AFP) Marco Longari para desembarcar nada menos que en el gueto Mathare de Nairobi justo después de las elecciones legislativas del 8 de agosto del año pasado donde se gestó la insurrección de la oposición. Uhuru Kennyatta proclamó su reelección como presidente, pero su opositor Raila Odinga puso en duda los resultados y animó a la gente a manifestarse. Al día siguiente empezaban unos enfrentamientos que diez años antes en otras elecciones provocaron 1.500 muertos y cerca de medio millón de desplazados.

LUIS TATO/AFP | Manifestación de los partidarios del opositor keniata Raila Odinga en el suburbio de Mathare al día siguiente de las elecciones del 8 de agosto del año pasado y que ilustró el programa oficial de Visa pour l'Image
LUIS TATO/AFP | Manifestación de los partidarios del opositor keniata Raila Odinga en el suburbio de Mathare al día siguiente de las elecciones del 8 de agosto del año pasado y que ilustró el programa oficial de Visa pour l’Image

“Yo llevaba en Nairobi únicamente uno o dos meses”, recuerda el barcelonés. “Entré ahí acojonado, pero fui solo. La gente ve cuando hay una empatía porque no sacas la cámara el primer día. Llegas, te presentas, hablas con la gente. Y este proceso es el que te permite llegar a este punto. La conexión con la gente fue tan fuerte que, un día, una persona me llamó para decirme que estaba la policía en el barrio y habían matado a su hermano”. La foto del programa oficial corresponde a las protestas airadas de los seguidores de Odinga en Mathare el 9 de agosto y que formaba parte de la exposición Elecciones de 2017 en Kenia: Kuru yangu ina thamani (mi voto cuenta, en suajli).

Conflicto interétnico en la base del conflicto electoral

Políticos, periodistas y observadores internacionales aseguraban que, en esta ocasión, no habría violencia en el país porque se había aprendido de los errores del pasado. Y la jornada electoral había transcurrido con relativa calma. Pero, desde el anuncio de los resultados, Odinga y sus partidarios empezaron a movilizarse. Y, de forma inédita en un país africano, el Tribunal Supremo invalidó el uno de septiembre la votación y obligó a repetir los comicios para el 26 de octubre. Pese a ello, Odinga consideró que continuaban sin haber las garantías necesarias para la participación y decidió boicotear estas segundas elecciones. La cifra de muertos entre una contienda y la otra siguió aumentando hasta el mes de noviembre y acabó sumando un centenar.

“Como en el resto de África, a pesar de que haya particularidades en cada país, el principal problema de Kenia es étnico”, razonó Tato. De hecho, Kenyatta es hijo del primer presidente de la Kenia independiente en 1963 Jomo Kenyatta y Odinga es a su vez hijo de su principal opositor de entonces Jaramogi Oginga Odinga. El primero es kikuyu, la primera etnia en el país y sobre el cual ha tenido siempre el control desde esa fecha. Y el segundo es luo, representante de las etnias marginadas y mayoritaria en el suburbio de Mathare. Durante estos más de cincuenta años, esta tensión no ha parado de reproducirse con alianzas, rupturas y venganzas continuas.

LUIS TATO/AFP | Partidarios del presidente Uhuru Kennyatta esperan a su líder en un mitin en Nairobi el 23 de octubre antes de las segundas elecciones
LUIS TATO/AFP | Partidarios del presidente Uhuru Kennyatta esperan a su líder en un mitin en Nairobi el 23 de octubre antes de las segundas elecciones

“La estructura social del país se construyó con esta idea: los kikuyus tienen el poder y controlan los negocios. Y es verdad que se está discriminando a otros grupos étnicos. ¡Kenia cuenta con 43 etnias! Es a su vez una herencia colonial, la idea de proteger solo a los míos… si eres luo, quizás no tienes muchos amigos kikuyu. Es una cosa que se ve y se siente en la sociedad. Esto es la puerta abierta al conflicto. Hay enfrentamientos con la policía, pero el principal conflicto es étnico y muchas veces directo con peleas masivas. Con objetos, pero también con armas… Hay una parte de las fotos que no está expuesta porque son muy duras”.

Responsabilidades de Kenyatta y Odinga

En la cuarentena de imágenes expuestas en la iglesia de los Dominicos de Perpiñán, se podía recorrer todo este proceso con los seguidores de Kenyatta con vestimenta roja y los de Odinga de naranja. Se veían los mítines y las manifestaciones de unos y otros y buena parte de esta violencia y rabia contra la policía e interétnica. No había cadáveres en primer plano, pero sí la desesperación de sus próximos y especialmente la segunda jornada electoral cuando los pro-Odinga boicotearon las urnas con una retahíla de heridos.

“Para entender el conflicto, hay que entender que para mucha gente en Kenia Odinga es el Che Guevara. Estuvo en la cárcel muchos años. Y, ahora, es verdad que se le ve viejo, casi no se puede mover. Pero no hay buenos ni malos en esta historia. Puedo comprender que los luo estén discriminados, pero por otra parte al líder de esta oposición le sigue la gente de una manera ciega y loca. Porque te dicen, literalmente, que están dispuestos a dar su vida si Odinga les pide hacerlo. ¡Y es lo que está pasando!”.

Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, en marzo de este año Kenyatta y Odinga firmaron una reconciliación. Odinga llegó a ser el primer ministro de 2008 a 2013, cuando intervino la ONU para detener la espiral mortífera tras las elecciones de 2007. Pero, en 2013, Uhuru Kenyatta se alzó con la presidencia por primera vez gracias a la aureola de su padre y Odinga volvió a la oposición. Ahora cuenta con 73 años y Kenyatta con 56. El futuro de país es incierto, aunque en estos momentos en Nairobi ha retornado la calma con la crisis eso sí soterrada.

“En Kenia, y esto me sorprendió mucho, coges el coche una hora y parece que estés en otro país. Por el paisaje, por la gente, por la forma como se habla, cómo se viste, por lo que se come”. En lo que Tato califica de Frankensteins a causa de las divisiones artificiales del periodo colonial, el fotoperiodista sigue ahora su descubrimiento del resto del continente tanto con su trabajo más de temas económicos para la agencia Bloomberg en el este africano como en otros procesos electorales como recientemente en la Zimbabue post-Mugage, desgraciadamente también con víctimas mortales, o como proyecto en las próximas presidenciales en la República Democrática del Congo en diciembre.

Una Visa pour l’Image de regusto local

LUIS TATO/AFP | Una mujer se lamenta en el suelo el 11 de agosto después que el anuncio de los resultados electorales haya provocado disturbios entre los pro-Odinga y la policía en el suburbio de Mathare
LUIS TATO/AFP | Una mujer se lamenta en el suelo el 11 de agosto después que el anuncio de los resultados electorales haya provocado disturbios entre los pro-Odinga y la policía en el suburbio de Mathare

De entrada, su presencia en Visa pour l’Image y el Premio de la Ciudad de Perpiñán Rémi Ochlik 2018 que lo llevó a ilustrar el programa oficial, es un salto cualitativo en el reconocimiento de su incipiente trabajo internacional. “Es una satisfacción. Para mí, a nivel profesional, me cambia totalmente mi papel como fotoperiodista. Hay un antes y un después de esta selección en Visa pour l’Image”.

Más teniendo en cuenta que, si fuera por los medios catalanes y españoles, le sería imposible ganarse la vida desde Nairobi. “¡Ya me encantaría! Pero se ha perdido esto, a nivel periodístico. Lo siento, pero en Cataluña y España se ha perdido. En ‘La Vanguardia’, el fotoperiodismo ahora es la agencia. Pueden enviar a un redactor, pero las fotos serán de agencia”.

Esto no quiere decir que Tato menosprecie su anterior trabajo local. De cuando en cuando todavía realiza algún fotorreportaje en África para ONG’s o fundaciones. Y tampoco establece jerarquías sobre la importancia de los conflictos. Me lo contesta cuando le pregunto, ahora desde tan lejos, sobre lo que piensa del conflicto político entre Cataluña y España. “Te da otra perspectiva. Sé que lo que está pasando en Cataluña es muy importante. No creo que haya temas en el mundo más importantes que otros en estas exposiciones”. Y concluye que, en todo caso, su trabajo actual le ha “globalizado la mente”.

John Wessels y la inacabable guerra del Congo

JOHN WESSELS/AFP | Una congoleña en la región de Kasaï, amputada de un brazo por una bala a causa del conflicto entre la milicia Kamwina Nsapu y el ejército
JOHN WESSELS/AFP | Una congoleña en la región de Kasaï, amputada de un brazo por una bala a causa del conflicto entre la milicia Kamwina Nsapu y el ejército

Luis Tato se encontrará en las elecciones del 23 de diciembre en la República Democrática del Congo con el fotoperiodista sudafricano John Wessels, que desde hace un año y medio recorre un país devastado por 25 años de guerras fratricidas. En Visa pour l’Image presentaba en el Hôtel Pams Atrapados en la RDC, un trabajo también para la AFP. En este recorrido de una punta a la otra de este país de nueve fronteras e intereses interpuestos de sus vecinos por sus abundantes recursos naturales, se pasa de una capital Kinshasa donde se repiten los enfrentamientos mortales con la policía del presidente Joseph Kabila a la región del sur de Kasaï con una epidemia de cólera en medio del conflicto con los Kamuina Nsapu hasta el este limítrofe con Uganda y Ruanda (regiones de Ituri y el norte y sur de Kivu), donde se contabilizan nada menos que 120 milicias.

A una pregunta que le hicimos en una charla pública, Wessels nos respondió con una mezcla de optimismo y pesimismo: “No creo que las cosas cambien con las presidenciales. Se producirán fracturas dentro de la mayoría. En el Congo, hablamos de ello cada semana ahora que Kabila ha anunciado que no se presenta a una tercera reelección. Veremos de aquí a dos meses si se pueden celebrar elecciones, en función de si ha vuelto a surgir o no otro conflicto.

En realidad, Kabila ya ha designado a un delfín en la persona de Emmanuel Ramazani Shadary, secretario del partido presidencial, exministro del Interior y en la lista de personalidades sancionadas por la Unión Europea por violaciones de derechos humanos. Otros pretendientes como Jean-Pierre Bemba, antiguo jefe de guerra y que acaba de ser absuelto por la Corte Penal Internacional de La Haya, puede ser vetado por las autoridades. El presidente ya ha retardado dos años estos comicios, porque su mandato terminaba en diciembre de 2016. Y su retirada puede desencadenar a su vez una guerra interna dentro de la mayoría.

JOHN WESSELS/AFP | La reina y el rey de la universitad antes de la ceremonia de acogida de los estudiantes de primer año en Beni, al este de la República Democrática del Congo
JOHN WESSELS/AFP | La reina y el rey de la universidad antes de la ceremonia de acogida de los estudiantes de primer año en Beni, al este de la República Democrática del Congo

“No es un problema de una región u otra, sino del conjunto del país: guerras, epidemias, malnutrición”, enumeró el fotoperiodista sudafricano. “La gente está continuamente en movimiento, migrando, y se hace difícil detectar el origen de estos problemas. En parte, es a causa de los políticos”.

Y, en buena parte también, porque la RDC es un país rico en yacimientos mineros y energéticos. “Hay una gran pelea por el control de los recursos naturales. Y el Congo dispone de muchos. Hay un mayor control de las grandes corporaciones en el sur, pero en el norte y noreste donde por ejemplo hay oro las cosas están más descontroladas y hay conflictos bélicos por ello”.

Ante este panorama, Wessels también incluye fotografías de la vida cotidiana como un desfile de modelos en Kinshasa o una ceremonia universitaria en Beni, en el noreste. Una manera de recordar que, en el país como en el resto de África, la gente también intenta disfrutar de una vida normal y que entre momentos de máxima atención y el olvido la mayor parte del tiempo hay una existencia pese al entorno. “Es una autentica vergüenza que solo se hable del Congo cuando hay elecciones, como será el caso en los próximos dos meses”, remachó el joven fotoperiodista.

Visa pour l’Image 2018 (Éditions Snoeck), catálogo de 180 páginas, 150 ilustraciones, 25 euros

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