Laia Abril: “No consigo publicar en Estados Unidos este trabajo sobre las violaciones”

MAHALA NUUK | La periodista y fotógrafa Laia Abril, autora de la exposición <em>On rape</em>
MAHALA NUUK | La periodista y fotógrafa Laia Abril, autora de la exposición On rape

VICENÇ BATALLA. La misoginia es un problema por resolver, si se tiene en cuenta no solo los ataques a las mujeres en los países más pobres y en guerra sino también las decisiones institucionales que se toman en las sociedades occidentales. Sin ir más lejos, el escándalo en España por la sentencia de la manada provocó una oleada de indignación que ha incitado a la periodista y fotógrafa catalana Laia Abril a hacer su segundo capítulo On rape (sobre la violación) alrededor de la misoginia después de haber impactado ya en 2016 con el primer capítulo On abortion (sobre el aborto). Presentado este mes de febrero (hasta el 22) en la galería parisina Les Filles du Calvaire, el proyecto tiene la ambición de viajar por Europa y Norteamérica como lo ha hecho On abortion. Pero lo que tendría que ser una normalización del debate sobre estos temas, no resulta tan fácil en entornos como el de Estados Unidos. Así nos lo explica la misma Abril desde París acabando de perfilar todos los detalles de este recorrido de la violación en el mundo y la historia a partir de unos mitos que perpetúan en las leyes un poder de violencia masculino y de culpabilización femenina.

Las dos plantas de la galería Les Filles du Calvaire, en la calle del mismo nombre parisino cerca de la plaza de la República, están ocupadas por objetos, fotos, frases y otras instalaciones visuales y sonoras que Laia Abril imagina para sobrepasar el estrecho concepto de las exposiciones documentales sobre temas de actualidad. Y, en primer lugar en la planta baja, hay ocho vestidos colgados de la pared en marcos de vidrio que corresponden a ocho testimonios de violación de los últimos años. Todos los textos son en inglés, con la posibilidad de poder leer una versión francesa con hojas plastificadas dispuestas por la sala.

Porque el objetivo de la joven y viajera Laia Abril (Barcelona, 1986), que ahora mismo comparte su vida entre la capital catalana, París y Nueva York, es tener el máximo de difusión posible y en especial en un país como Estados Unidos que es como una segunda residencia para ella. Finalmente ha conseguido que On abortion, que marcó la edición 2016 de los Rencontres de Arles de la Fotografía, llegue a Nueva York este mismo mes de febrero al Museum of Sex y se esté allí hasta octubre. “Estará durante toda la precampaña política”, remarca Abril sobre las próximas elecciones estadounidenses. “Pero con esta exposición de las violaciones, aunque hace dos años que ya hablé de ello y entre medio haya estallado el caso Weinstein, no consigo ir más lejos”. Un hecho que explica que esta licenciada en periodismo ya hace tiempo que busca otras vías para expresarse más allá de la prensa.

De On abortion a On rape

LAIA ABRIL | Un cinturón de castidad, pieza de metal para impedir el adulterio, la masturbación o la violación desde el punto de vista masculino
LAIA ABRIL | Un cinturón de castidad, pieza de metal para impedir el adulterio, la masturbación o la violación desde el punto de vista masculino

La sucesión de utensilios y métodos para abortar a lo largo de la historia de On abortion, a menudo como un museo de los horrores para las mujeres que se han expuesto a ellos ante las prohibiciones juntamente con los testimonios de persecuciones y castigos desde Polonia hasta Guatemala, se ha exhibido en una decena de países. En Barcelona, se vio en FotoColectania el año pasado. Pero, pese a la fuerte repercusión de Arles, la iniciativa no ha sido fácil. “Mi prioridad era países como Irlanda, y lo hicimos justo durante el referéndum por el aborto (2018). Quería hacerlo en Estados Unidos, y he tardado cinco años. Traerla es casi tanto trabajo como hacerla, porque hay muchísima resistencia. Hay galerías que han recibido críticas por acoger la exposición. Y, a nivel de dinero, es muy complicado. Si tienes una financiación pública pero un sistema político conservador, no expondrás un proyecto sobre el aborto”.

En Estados Unidos, el tema es muy sensible. El presidente Donald Trump tiene en los movimientos integristas evangélicos una base electoral clave y sus maniobras para hacer caer este derecho son claras. Precisamente, el día que hacíamos la entrevista participaba en una marcha en Washington contra el aborto aunque su cargo le tendría que obligar a mantener la neutralidad. En la campaña de hace cuatro años, manifestó que las mujeres que se someten a un aborto ilegal tendrían que ir a la cárcel. Y suya es la frase de hace unos cuantos años, reproducida en la exposición On rape, “Grab them by the pussy, you can do anything” (cogedlas por el coño, y podréis hacer lo que queráis).

“Los derechos de las mujeres son un tema pendular. Cuando las políticas se hacen más conservadoras, las mujeres sufren. Ya se veía, en 2015, que las políticas de extrema derecha estaban subiendo tanto en Europa como en Estados Unidos”. Entre medio, ha habido el movimiento de concienciación feminista #MeToo a raíz del caso de las continuadas violaciones del productor de cine Harvey Wenstein. Pero Abril lo ve en dos direcciones. “Personalmente tiene una parte positiva, y es que me siento más libre de hablar de estos temas. Y tiene una parte negativa, porque como más gritas el sistema establecido reprime más. Tengo la oportunidad increíble de hacer esta exposición en París, pero me las estoy viendo negras para publicarlo en Estados Unidos”.

La sombra de esta atmósfera es alargada porque el nuestro es un mundo global y las réplicas se extienden a gran velocidad. “La galería Les Filles du Calvaire intentó promocionar el acontecimiento por Facebook y Facebook dijo que no porque era demasiado político o una cosa parecida. Que me lo digas sobre el aborto, me parece mal pero habría una lógica. De manera muy naíf, al principio de este proyecto pensé que no me encontraría con los ‘pro-vida’ y los ‘no-vida’. Que no era una cuestión política. En ‘On abortion’ también hablaba de víctimas, pero había que tener una conversación porque mucha gente cree que las mujeres no son víctimas. En este caso, es todavía peor”.

Las manadas del mundo

LAIA ABRIL | Un cilicio, dispositivo puntiagudo que se coloca alrededor de la cintura para provocar dolor y utilizado por confesiones católicas conservadoras
LAIA ABRIL | Un cilicio, dispositivo puntiagudo que se coloca alrededor de la cintura para provocar dolor y utilizado por confesiones católicas conservadoras

La motivación inicial de On rape proviene, en todo caso, de más cerca. El sistema judicial español dictaminó, desde la Audiencia y el Tribunal Superior de Justicia de Navarra, que una violación en grupo de cinco hombres durante los Sanfermines de 2016 a una chica de dieciocho años solo era un abuso sexual con lo cual los condenados podían salir en libertad con una mínima fianza. No fue hasta junio de 2019, y después de una polémica generalizada, que el Tribunal Supremo decidió elevar el delito a violación. Pero de manadas en España y otros países siguen habiendo y a menudo los jueces hacen una interpretación que denigra a las víctimas. “En el caso de ‘la manada’, ya no es que me impactara un hecho tan grave que también pasa en otros lugares sino el trato que se hizo del proceso judicial y de la ley”, recuerda Abril de aquel momento en que se le desencadenó “un miedo” al ver las cosas tan próximas.

Y se puso a investigar lo que ella llama miscarriages of justice, errores del sistema. “El sistema está fallando directamente con la víctima y favoreciendo la violencia sexual”, afirma. La conversación se llena de terminología inglesa, porque es la herramienta de trabajo de la autora que ha pensado y escrito la exposición en este idioma para permitirle llegar a un máximo de público. Sobre la marcha, tenemos que ir encontrando los equivalentes en catalán o castellano. Pese a que esta terminología también se puede remontar al latín, porque las prácticas y conductas de violencia a las mujeres son atávicas. “El microsistema del matrimonio es muy importante porque aun está la ley del ‘marry-your-rapest’, que se hace servir en algunos países para que el violador se case con la víctima y no lo encarcelen. Esto es una barbaridad. Y hay muchos países donde todavía no está penalizado el ‘marital rape’, violar a tu mujer”.

Leyes bíblicas

Leemos en un mapa de la violación que el marry-your-rapest está en vigor en Baréin, Irak, Kuwait, Rusia, Filipinas, Tayikistán y Tailandia. Y que, aunque se haya abolido en una mayoría de países, se sigue llevando a término en ciertas comunidades. “Muchas leyes como estas para salvar tu virtud perdida son bíblicas. Esto continuó en Europa hasta los años sesenta. Franca Viola fue la última víctima del ‘marry-your-rapest’ en Italia”. Una mujer que puede explicar su lucha porque, actualmente, tiene 72 años.

Así como en On abortion se denunciaba los casos en el mundo donde el aborto no solo sigue estando prohibido sino que pone en riesgo la vida de la mujer y se la encarcela, en On rape se parte del presente “para entender de dónde llega desde el pasado”. Estas costumbres bíblicas se basan en el crimen de honor, sobre la virginidad de la mujer o la hija, en que este es un concepto de propiedad del hombre que lo utiliza como moneda de cambio. La virginidad como objeto.

LAIA ABRIL | El vestido de boda de Alina, en Kirguistán, obligada a casarse con su raptor como ya le había ocurrido a su hermana
LAIA ABRIL | El vestido de boda de Alina, en Kirguistán, obligada a casarse con su raptor como ya le había ocurrido a su hermana

Y estas costumbres se han perpetuado en el tiempo y las instituciones. Otros microsistemas analizados en la exposición son la prisión, el ejército o la iglesia. Y también todas las formas de violación: mujeres que han sido abusadas por mujeres, mujeres lesbianas, mujeres transgénero, y a la vez hombres como víctimas. Para simbolizarlo, Abril ha escogido ocho testimonios que los representa con los vestidos con los cuales sufrieron la violación. Unos testimonios que cuando se publique el libro se ampliarán. “Estos vestidos no representan la víctima tan solo. De hecho, representan la institución. Porque el problema es sistémico”.

Los vestidos de los testimonios

Gracias a su trabajo de cinco años como editora y redactora de la revista Colors de Benetton, en la Fabrica de Treviso, la catalana posee una amplia red de contactos en todo el mundo para poder localizar los casos que busca. Una vez de acuerdo con la víctima para exponer su testimonio, el vestido no ha viajado por correo o mensajería convencional. Si no que ha transitado personalmente de mano en mano para que la indumentaria no se perdiera, de un burka a un uniforme militar. Así ha sido el caso de Veeda, de Afganistán; Meredith, de Estados Unidos; Sandra y Valentina, de Argentina; Passion Star, de Estados Unidos; Alina, del Kirguistán; Melissa de Colombia; Jane Doe(s), de la República Democrática del Congo; y Tumi, de Sudáfrica.

“He estado en contacto mucho con psicólogos y psiquiatras, y ONG’s. Porque era muy importante para mí no causar daños. Tú no sabes, cuando alguien te explica una historia, las repercusiones que después tendrá. También era muy importante para mí trabajar con abogados, porque había gente que había estado o está en la cárcel”. Y, una vez acabadas las exposiciones, los vestidos los tendrá que devolver de la misma manera. Aunque es posible que se quede con algunos, si al testimonio le parece bien.

Cada uno de estos casos merecería un artículo aparte. De la esclavitud bajo los talibanes de Veeda al rapto y casamiento forzado de la kirguisa Alina, de la persecución sexual en el ejército norteamericano de Meredith a las agresiones por su condición transgénero en una cárcel estadounidense de Passion Star, de la congoleña Jane Doe(e) refugiada en el Chad al doble apartheid de Tumi por negra y lesbiana.

La iglesia y las guerras

LAIA ABRIL | El uniforme que llevaba en el ejército estadounidense Meredith, que fue violada durante un año por un comandante superior
LAIA ABRIL | El uniforme que llevaba en el ejército estadounidense Meredith, que fue violada durante un año por un comandante superior

Con Abril, nos detenemos en dos testimonios latinoamericanos. En el caso de las argentinas Sandra y Valentina, las ha conocido personalmente. Todas dos sufrieron los abusos de la madre superiora en un convento. Con el tiempo, lograron marcharse y denunciar las agresiones. Ahora, a los sesenta años, viven en pareja. La madre superiora se vio forzada a cambiar de identidad y huir del país.

Más reciente es el caso de una niña de cinco años colombiana que hace poco sufrió abusos de un profesor en Bogotá. Cuando su madre Melissa se dio cuenta, lo denunció en la escuela pero la dirección prefirió taparlo cambiando de destino al profesor. E, incluso, otros padres la amenazaron. Melissa intentó suicidarse. Finalmente, el caso se ha hecho público y madre e hija han recibido apoyo de otros organismos.

Por otra parte, la violación como instrumento de guerra es un capítulo en sí. Una de los primeros trabajos de Abril, para el diario Avui, fue en los Balcanes para hacer un reportaje sobre las consecuencias de la guerra civil yugoslava. Una de ellas son las secuelas de los campos de violación en Bosnia por parte de las milicias serbias. Se calcula que entre 12.000 y 50.000 mujeres, algunas de solo doce años, fueron torturadas y violadas durante meses. “Cuando las milicias llegaban a un pueblo, violaban a las mujeres delante de los maridos, y esto es un acto de poder. O incluso violaban hombres porque hay ciertas creencias de que si eres violado por un hombre te hace ser homosexual”.

En relación a la iglesia, en un mosaico se reproducen hasta tres mil fotos de curas acusados o condenados por pederastia. Es imposible identificarlos porque hay muchos y las fotos son demasiado pequeñas. Pero el efecto que produce es de una práctica masiva y no aislada.

Jueces y políticos

El resto de objetos de la exposición responden a las diferentes teorías que justifican históricamente estas conductas. “Estos instrumentos obedecen al origen de los mitos. Son metáforas visuales. Existía la creencia de que una mujer no podía ser violada, si ella no quería. Porque físicamente, lo decía Voltaire pero lo decían también doctores, la fuerza de las piernas era suficiente para bloquearlo”. Y se insistía en la imposibilidad si se estaba bajo anestesia o cualquier tipo de droga. “Todo el tema del esfuerzo para no ser violada, estos mitos, son los que nos encontramos ahora con la sentencia de ‘la manada’, que decía que no se veían signos de violencia o de rechazo”.

LAIA ABRIL | Un cráneo de ciervo con sus cuernos, como ejemplo de la fórmula Shrinky de ungüento según el cual la mujer puede simular ser virgen haciendo más estrecha su vagina
LAIA ABRIL | Un cráneo de ciervo con sus cuernos, como ejemplo de la fórmula Shrinky de ungüento según el cual la mujer puede simular ser virgen haciendo más estrecha su vagina

Aquí es donde nos encontramos con una foto de burundanga, la planta que utilizaban los jóvenes de La manada para narcotizar a sus víctimas. Toda una retahíla de metáforas que se van alternando con objetos precisos como un cilicio, un cinturón de castidad o medicamentos de castración química. Hay todo tipo de alusiones, sea al supuesto comportamiento de las mujeres propicio a estas actuaciones como a la manera de curar a sus agresores. Pero el interés de Abril es demostrar que el problema es que no se admite que la violación forma parte de un enraizado régimen de valores. “Las frases de arriba son de autoridades, de jueces o de políticos, que están dando una evidencia literal a esta cultura de la violación”.

¿Confía, por ejemplo, en que haya un cambio de mentalidad en la justicia española? “Si yo no confiara en que la justicia española cambie, no estaría haciendo lo que hago”. Y añade sobre el avance de la extrema derecha de Vox: “en todos sitios, hay un Vox. Vox simplemente representa que, cuando intentas alzar la voz, hay quien se encarga de que el sistema no cambie. Si soy honesta, diría que tiene mucho que ver con el miedo. Porque si pensara que hay que injuriar a toda esta gente, sería una persona muy amargada”.

On mass hysteria

Estamos al lado de un dispositivo antiguo de pasar diapositivas, de segunda mano, y que cuestiona precisamente las palabras de Trump de más arriba. Pero, justo dos horas antes de inaugurarse la exposición, ha dejado de funcionar. Abril está intranquila porque lleva mucho tiempo preparándolo todo y no es el momento para que fallen las cosas. Más adelante, una replica de la exposición se irá a Toronto, al Scotiabank Contact Photography Festival de mayo. Y la original de París, bajo representación de la galería Les Filles du Calvaire, se quedará en Europa para seguir viajando.

Pero su Historia de la misoginia ya tiene continuación en un Genesis chapter o capítulo cero: On mass hysteria. O sea un análisis de la histeria masiva de las mujeres. “Quiero hablar de un colectivo en un noventa por ciento mujeres normalmente recluidas como monjas o en escuelas o fábricas femeninas y que tienen episodios físicos de convulsión o desmayos. No hay una teoría que acabe de explicarlo. A menudo las teorías se han acercado al fenómeno desde un punto de vista psicológico. Y a mí me gusta mucho una teoría que dice que podría ser que la histeria masiva fuera un ‘protolenguaje’, que hacen servir las mujeres para demostrar represión social”. Nada de explicaciones consubstanciales al carácter femenino: “¿Qué pasaría si esto fuera simplemente una manera de decir basta?”.

PUBLICACIONES DE LAIA ABRIL

Thinspiration Fanzine (autoeditado, 2012), sobre la anorexia

The epilogue (Dewi Lewis, 2014), sobre un caso particular de anorexia

Tediousphilia (Musée de l’Elysée, 2014), sobre la exposición a las redes sociales, con Ramon Pez

Lobismuller (RM Verlag, 2017), sobre el caso del ‘hombre lobo’ gallego Manuel Blanco Romasanta

On abortion and the repercussions of lack of access (Dewi Lewis, 2018)