Serge Vilamajó, entre París, Barcelona y la milonga

SUNSUN STUDIO | Manon Doucet, voz, y Serge Vilamajó, guitarra, como dúo Amapola reinterpretando el cancionero hispánico
SUNSUN STUDIO | Manon Doucet, voz, y Serge Vilamajó, guitarra, como dúo Amapola reinterpretando el cancionero hispánico

VICENÇ BATALLA. El músico Serge Vilamajó hizo un viaje de Barcelona a París para seguir aprendiendo e ir a buscar sus raíces. Una vez situado en la capital francesa, continuó hurgando en sus orígenes en este caso en el interior de Cataluña. Y, después de múltiples encuentros de otra gente de paso, acabó por formar un dúo de sonidos latinoamericanos con la voz de Manon Doucet bautizado como Amapola que publicaron el álbum Todo cambia en pleno confinamiento. Desde su reciente instalación en Montpellier, esta colección de canciones de compositore·a·s hispano·a·s con el acompañamiento de amigos y amigas argentino·a·s ha retumbado por internet y a través de las redes a la espera de volver a los añorados directos.

Conversación a distancia con Vilamajó sobre sus trabajos personales llegado a la cuarentena, sus múltiples colaboraciones en el folk, el jazz y otras músicas y también su carrera como compositor de bandas sonoras. Además de su mirada sobre Barcelona y París.

“La música francesa es lamento y la latinoamericana da las gracias”, resume el guitarrista, pianista, compositor y productor Serge Vilamajó sobre su relación con estas diferentes identidades que conviven en él por familia, residencias y experiencias. Quizás por ello con su compañera francesa Manon Doucet en vez de ir a buscar al repertorio del propio país decidieron hacer una inmersión en territorio hispano y apoyarse en sonidos sudamericanos, y de más arriba del continente, pero también mediterráneos. Queda claro, aunque esto no quiere decir que no canten melodías más tristes pese a que estas se revisten de una atmósfera cálida y soleada.

“Las dos culturas, la francesa y la hispánica, son muy diferentes”, argumenta Vilamajó para explicar la elección musical del dúo. “De manera general, la canción francesa tiene un enfoque muy dramático de la vida, con mucho lastre. Vemos que en la tradición latinoamericana, ya sea en el texto como en la música, hay una visión mucho más positiva y ligera aunque se mantenga profunda”. A partir de aquí, pueden utilizar tanto el castellano, com el portugués, el catalán e incluso el vasco. Y, en su cancionero, también hay un Georges Moustaki pero en versión franco-catalana. “Son las canciones y sus historias las que nos motivan a integrarlas en el repertorio y no tanto una militancia lingüística”, precisa el músico.

Todo cambia como Amapola

ARCHIVO | La portada del álbum Todo cambia de Amapola, publicado en pleno confinamiento y con dibujo de Manon Doucet
ARCHIVO | La portada del álbum Todo cambia de Amapola, publicado en pleno confinamiento y con dibujo de Manon Doucet

Todo cambia, el tema que da nombre al álbum, es por ejemplo del chileno Julio Numhauser, fundador de los Quilapayún. Entre las doce canciones, están las argentinas Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez/Félix  Luna) y Nada (José Dames/Horacio Sanguinetti), la venezolana Tonada de la lluna llena (Simón Díaz), la mexicana Alma mía (María Grevier), la cubana Ojalá (Silvio Rodríguez), la brasileña Carinhoso (Pixinguinha/Joao de Barro), la española Lucía (Joan Manuel Serrat), la anónima Barquito de papel y la dominicana Amapola (Juan Luis Guerra), de donde toman el nombre del dúo.

La barcelonesa Cristina Vilallonga les ha regalado el tema de apertura ¿Dónde están los días? y pone voz en Tonada de la luna llena y Todo cambia. En esta última, que dispone de un videoclip de la grabación, participa asimismo al piano el argentino Pablo Murgier que está presente a su vez en Nada. Mientras que su compatriota Alejandro ‘Pato’ Hernández pone las percusiones en todo el disco.

Esta conexión argentina tiene mucho que ver con Cristina Vilallonga, que ya era la voz porteña en el primer álbum de tango electrónico de Gotan Project (La revancha del tango, 2000). Manon y ella son amigas y le ha inyectado esta pasión por la música hispana. Y, pese a provenir todo·a·s de otros lugares, París ha sido el punto de encuentro para este concepto de cambio en la vida.

El álbum apareció el 21 de marzo, solo cuatro días después del comienzo del confinamiento por el coronavirus en Francia. Hacía pocas semanas que la pareja se había instalado en Montpellier. Y, en estas circunstancias, únicamente quedaba la posibilidad de escucharlo digitalmente. A través de Bandcamp o comprándolo para bajárselo con mayor calidad. Es la adaptación de los músicos a la época, más aun si se trata de una autoproducción del mismo Vilamajó en su estudio Kalima’s Dream que es tan nómada como su propio creador. Primero en los distritos 18, 13 y 5 de París y ahora en la ciudad del Languedoc.

Un concierto por Facebook

“El álbum lo habíamos previsto para la llegada de la primavera. Lo que no sabíamos es que sería tan profético y nos tendríamos que quedar en casa pocos días más tarde, y que todas nuestras costumbres cotidianas se verían cuestionadas”. Como alternativa a la paralización, el 10 de mayo Amapola protagonizó su primer concierto por internet a través de Facebook. “Aunque puede ser una vía interesante a explorar, los conciertos en línea no tienen que convertirse en un sustituto del concierto tradicional y presencial”, advierte el músico. “¡Cuidado con acabar consumiendo la cultura de manera individual!”.

Allí estábamos, desde casa, una cincuentena de espectadores haciendo comentarios por escrito entre canción y canción, mientras Sergi y Manon tocaban la guitarra y cantaban sentados en el salón de su nuevo apartamento con un ordenador como intermediario. El concierto se cortó una sola vez y pudimos disfrutar de nueve sensibles temas con las traducciones simultáneas en francés de Manon e incluso de un bis repitiendo su versión de una canción compuesta por la mexicana Natalia Lafourcade y que estrenaban ese mismo día.

ARCHIVO | El primer concierto desconfinado de Amapola, el 13 de junio, en un jardín privado de Montpellier
ARCHIVO | El primer concierto desconfinado de Amapola, el 13 de junio, en un jardín privado de Montpellier

Es lo que han aprovechado para hacer durante este tiempo suspendido: trabajar canciones nuevas, imaginar otros proyectos, mejorar la web… “Nos parece que ya tenemos temática para el próximo disco”, confiesa él como parte positiva. Ahora bien, insiste, nada sustituye al directo físico: “Manon y yo nos conocimos en un concierto. ¿Cómo se lo harán las nuevas generaciones para encontrarse? Por otro lado, normalizar los conciertos Facebook sería avalar el culto a lo inmediato y a la cultura gratuita. No creemos en eso”.

El tema de la remuneración artística y los nuevos actores de internet es una cuestión más de actualidad que nunca. “En esta crisis, las plataformas de ‘streaming’ se han frotado las manos llevándose todos los beneficios de las reproducciones mientras que los autores, compositores e intérpretes como de costumbre han sido los que se han quedado con el culo al aire”.

Conexiones occitanas

En su caso, han perdido sus actuaciones regulares en Le Château des Vignerons, un restaurante de Vincennes al este parisiense donde tocan como Amapola. Pese a que hayan tenido que ir a vivir a Montpellier, el desplazamiento a París es relativamente rápido y en estos momentos también miran hacia al sur. “Mantenemos contacto con la capital, y hemos ganado calidad de vida. También queremos desarrollar una red profesional en Cataluña, estamos muy cerca. Ha sido un acierto: desde nuestra llegada hace pocos meses, las oportunidades profesionales parecen multiplicarse”.

Como muestra, están sus nuevos contactos con bandas de la región. “Hace poco, con Amapola estuvimos a punto de participar en un proyecto con grupos de reggae y punk. Al final, no pudo ser. Una lástima, porque nos hubiera gustado mucho juntar el folklore argentino y el punk occitano”.

La llegada a la capital francesa

VINCENT LE GALLIC | Serge Vilamajó y su faceta pianística, que perfeccionó en París
VINCENT LE GALLIC | Serge Vilamajó y su faceta pianística, que perfeccionó en París

Este espíritu de intercambio lo practica Vilamajó desde que llegó en 2006 a París, y ya lo había puesto en marcha en Barcelona. Ahora, además, cuenta con el bagaje de haber aprendido  composición y orquestación. En su lugar de nacimiento, tuvo una primera banda de adolescencia Jam On & On entre 1996 y 2002. Posteriormente, publicó un primer EP como Wait (Espera, 1999) y un segundo con el trío Entre 3 (Entre 3, 2004). Además, produjo los dos primeros discos de la cantante Sylvia Santoro (Si las piedras hablaran EP, 2002; Sentido, 2005) y durante tres o cuatro años dirigió el grupo de músicos que la acompañaban.

Una vez en París, no fue hasta 2010 cuando volvió a subir a los escenarios aunque siguiera componiendo. Fue con la cantante Emmaelle, de quien asimismo coprodujo su primer EP (À l’ombre j’attends, 2012). Después, llegarían otras colaboraciones con grupos de todo tipo como Chacarera Groove, Little Titanic Orchestra (del italiano Luca Dell’Aquila, y para quien produjo el EP The missing piece, 2013) o la cantante An Liz (con la producción de Patchwork, 2014). Entre medio, se autopublicó un pequeño libro de relatos en castellano sobre su (no sencilla) adaptación a la ciudad bajo el título premonitorio de París milonga (2009).

Su vertiente musical más personal la reservaba para publicaciones digitales como Search in U (2009), por primera vez con su propio nombre y con temas de entre 2003 y 2009, y más adelante Mi ciudad (2013). Esta asunción de su propia personalidad artística culmina con Heroes of the morning (2019), que se beneficia de toda su experiencia y estudio de grabación personal.

El cuarteto de jazz y Horta de Sant Joan

LAURE PUBERT | Actuación del Serge Vilamajó Quartet, el proyecto más jazzístico del músico
LAURE PUBERT | Actuación del Serge Vilamajó Quartet, el proyecto más jazzístico del músico

Aunque antes está la época del Serge Vilamajó Quartet, su aventura más jazzística que cuenta con el álbum Un paradís trobat (2013). El cuarteto lo integraban él al piano Rhodes, Nicolas Berthelot al saxo, Nicolas Pain al contrabajo y Florent Danset a la batería. Es curioso que una vez en París, a la búsqueda de sus raíces maternas de abuelos republicanos castellanos exiliados al sur de Francia, pusiera en marcha este proyecto inspirado en la residencia de acogida de su padre pintor en Horta de Sant Joan, en la comarca catalana Terra Alta.

ARCHIVO | La portada terrosa de Un paradís trobat, del Serge Vilamajó Quartet
ARCHIVO | La portada terrosa de Un paradís trobat, del Serge Vilamajó Quartet

Pero es que Horta de Sant Joan está lleno de simbologías porque es el lugar donde Picasso se curó de la escarlatina a los dieciséis años en 1898 en compañía de su amigo Manuel Pallarés y donde empezó a desarrollar su primitivismo. Su tierra árida y rojiza es el imaginario para que Paradís trobat extienda durante cincuenta minutos una sutil sinfonía instrumental en nueve temas recorriendo el paisaje y los sitios emblemáticos del pueblo.

“Un paradís trobat’ sí que fue un proyecto concebido en su integridad previamente”, describe Vilamajó de este álbum respecto a los otros a su nombre que actúan más bien como recopilatorios de sus composiciones. Su objetivo era acceder a festivales y salas especializadas, cosa que se reveló altamente complicada. “Resulta que no tuvimos ninguna salida y el proyecto se quedó en ‘standby”, se lamenta. El coronavirus, además, ha frustrado de momento un concierto por el quinto centenario del nacimiento del franciscano Salvador d’Horta. “Ya teníamos fecha para la clausura y he vuelto a montar un equipo de músicos, pero nos ha cogido la pandemia”, constata amargamente. “Pero en ninguno momento he cerrado la puerta del cuarteto. De hecho, tengo obra compuesta para un segundo álbum”.

Otras vicisitudes convirtieron en efímero el proyecto Le Tripartit, un trío en este caso para amoldar a una sensibilidad mediterránea la canción francesa. El EP del mismo nombre es de 2014 y, en enero de 2015, lo llevaban al directo. “Le Tripartit desgraciadamente se resumió a una semana intensa de conciertos en París, que coincidió con los atentados de ‘Charlie Hebdo”, recuerda de aquella secuencia.

Los trabajos personales Mi ciudad y Heroes of the morning

ARCHIVO | El állbum <em>Mi ciudad</em>, en su edición física de 2017
ARCHIVO | El állbum Mi ciudad, en su edición física de 2017
ARCHIVO | El álbum <em>Heroes of the morning</em>, de 2019
ARCHIVO | El álbum Heroes of the morning, de 2019

Durante todo este intervalo, Mi ciudad actúa como escape para dar salida a aquellos temas dispersos en su mayoría instrumentales que se habían ido acumulando en sus idas y venidas entre París y Barcelona y que había sido precedido por el seminal Search in U. Ambos, inicialmente solo en digital. El más trabajado Mi ciudad en 2013 representó su lanzamiento a la autoproducción completa. Tras un almuerzo con el guitarrista quebequés establecido en Barcelona Cece Gianotti, no dudó más. “Entendí que no hacía falta esperar o buscar la productora que me sacara un disco, yo solo lo podía hacer. Lo grabé en casa. Aprendí a grabar y mezclar”.

En 2017, con todos sus progresos, lo volvió a mezclar y lo editó físicamente, ya con dibujos de Manon. “Quizás un día lo vuelvo a grabar en condiciones más profesionales. La música del álbum son recuerdos de viajes, y hay piezas compuestas para la imagen”. En 2019, Heroes of the morning (con colorida ilustración de Felipe Calderón Valencia) es ya una consolidación de este proceso. Y, en el tema titular, se permite hasta un rapeado. Incluye una nueva versión más elaborada de Search in U (con Cece Giannotti a la voz) y destaca la intervención en bambara del malí Pedro Kouyaté en Djoudjon que le acerca a sonidos no occidentales.

“Me he construido una cultura rock, jazz, y ‘world’ en el sentido más amplio”, explica sobre la cuestión estilística. “Dentro de mi música, siempre he conciliado todos estos lenguajes sin tener que forzar nada. Seguramente, por esta razón, mis discos ‘Mi ciudad’ o ‘Heroes of the morning’ son tan dispares entre ellos, y dentro de ellos mismos. Para mí, se trata de utilizar los colores que tengo a disposición para pintar el cuadro que tengo en la cabeza”.

Las bandas sonoras desde el Kalima’s Dream

ARCHIVO | Serge Vilamajó, en su versión de director de orquestas y bandas sonoras
ARCHIVO | Serge Vilamajó, en su versión de director de orquestas y bandas sonoras

Quizás, por ello, otra de sus facetas más prolíficas es la composición de bandas sonoras. Se estrenó en 2009 musicando el Coney Island (1917), de Buster Keaton. Y, después, ha sumado media docena de otras bandas sonoras para cortometrajes y documentales. Para Silvia Gómez (Le sac), Isaac Cañizares (La fàbrica dels records), Carol Rodríguez (Una comedia románticaSuperchavalas), Curro Royo (The dreamplayer) y José Rodríguez (Sauvons-nous). Y de aquí salió en el repleto 2019 Coney Island. 10 ans de cinéma, un recopilatorio con 38 temas. Fue una excusa también para incluir maquetas y partituras que se habían quedado por el camino (Le Grand sud y La Routine).

“La imagen es lo que más me inspira a la hora de hacer música. ‘Un paradís trobat’ lo comencé a componer pasando fotos de mis estancias en Terra Alta en mi ordenador”, pone como ejemplo. “He aprendido mucho trabajando con directores de cine que no son músicos, pero que tienen ideas de lo que quieren (en el mejor de los casos, porque a veces no lo saben)”, apunta. “A menudo se tiene que trabajar muy rápido. La música es una de las últimas etapas de la producción y siempre vamos tarde… ¡Una vez tuve que componer y producir veinte minutos en quince días!”.

Una cosa que también le ha servido para encontrar recursos en su método de autoproducción. “He llegado a recrear una orquesta de cuerdas con un violín y un contrabajo. Cada parte grabada varias veces para simular la densidad de una orquesta”. Y, de hecho, uno de los atractivos de la región de Montpellier es que gracias al clima se están instalando muchas productoras par rodar culebrones de consumo televisivo. “Mi objetivo en mi estudio Kalima’s Dream es poder acoger una banda y realizar discos, bandas sonoras y seguir produciendo mi música”, formula como deseo.

De Thomasi a Giramundo

ERIC MISTLER | La presentación en el Forum Leo Ferré d'Yvry-sur-Seine de Des putains d'anges de Thomasi, para quien Serge Vilamajó ha producido el álbum
ERIC MISTLER | La presentación en el Forum Leo Ferré d’Yvry-sur-Seine de Des putains d’anges de Thomasi, para quien Serge Vilamajó ha producido el álbum

Su última grabación en estas condiciones en París fue para Des putain d’anges, el cuarto álbum del cantautor iconoclasta Thomasi. El disco tampoco apareció en el mejor momento, el uno de marzo. Vilamajó, que acompaña a su vez en directo al piano a Thomasi y su Familiale con hermanos y cuñados, no escatima elogios para este músico poco conocido del gran público. “Sus canciones tienen una fineza de escritura que me recuerda a los grandes de la canción francesa: Brel, Brassens, Barbara… Pero se ha mantenido en la sombra de los bares parisinos”. Y añade: “para mí, aunque se mantenga en la sombra, la obra de Thomasi es patrimonio nacional francés y estoy muy feliz de haber realizado ‘Des putain d’anges”.

El desconfinamiento les ha permitido programar ya un concierto en el Comédie Nation de París el 20 de septiembre. Antes y después, Vilamajó tiene un puñado de compromisos a la guitarra con el grupo de reggae occitano Giramundo alrededor de Béziers y Nîmes : Lunas (14 de agosto); L’Oyat Plage en Le Grau-de-Roi (28 de agosto); Festival des Vendanges de Puissalicon (12 de septiembre); Chapeau Rouge en Carcasona (5 de noviembre).

Del cortado al mocaccino

La relación con París, ahora, es voluntariamente a distancia. Como lo es asimismo con Barcelona. Su mirada respecto a sus ciudades de nacimiento y acogida es una mezcla de gratitud y dolor. “A Barcelona, ya no tengo ganas de volver, no me hace ninguna ilusión. Es más, la última vez paseando con mi compañera de golpe me dieron ganas de llorar al ver este desastre”. Y, como desastre, se refiere a la transformación turística de la ciudad: “un cortado en el bar de debajo de casa se ha convertido en un ‘mocaccino’ en el ’open space’ de debajo del ‘loft”. Cuando él se fue a París en 2006 estaban cerrando los locales de directo, y ahora “los músicos cobran menos que en los años noventa”.

Y esta situación negativa, para Vilamajó, también se está produciendo en la capital francesa. “En París, se retroalimenta la precariedad y tengo miedo de que sea una dinámica que se esté instalando en todo el mundo. En Nueva York, parece ser que ya hace muchos años que tienes que pagar para tocar. En París, hace un tiempo que ciertas salas o las famosas ‘péniches’ aplican este sistema. Recientemente, he oído que el Jamboree, en Barcelona, hace lo mismo o el Jam, de Montpellier”.

Pero mejor que cerremos esta entrevista con Sergi (es como yo siempre lo he llamado) con una declaración menos agria. A la pregunta de qué colaboraciones les gustaría hacer a él y a Manon, me recuerda que le ha sabido mal no poder haber grabado un disco con un amigo suyo cantautor Francesc antes de que muriera. Aunque, al final, añade: “mis ídolos, no se llaman Jagger o McCartney, tienen apellidos más caseros. Y si les pudiera devolver algo, ya sería feliz”.