Thierry Frémaux: “El hecho de haber practicado judo, un deporte desconocido, me formó para convertirme en cinéfilo”

JULIEN FALSIMAGNE | Thierry Frémaux, director del Instituto Lumière y delegado general del Festival de Cannes, en París en diciembre de 2020
JULIEN FALSIMAGNE | Thierry Frémaux, director del Instituto Lumière y delegado general del Festival de Cannes, en París en diciembre de 2020

VICENÇ BATALLA. Thierry Frémaux es alguien atípico en el mundo del cine. Poseedor de la agenda más completa de este circuito, como director del Instituto Lumière en Lyon y delegado general del Festival de Cannes, sus costumbres no han cambiado tanto desde hace una treintena de años. Continúa desplazándose en bicicleta en Lyon, en París y su ciudad de nacimiento Tullins, cerca de Grenoble, en 1960. A sus sesenta años, ahora se ha sumergido en sus primeros treinta años durante los cuales se convirtió en cinturón negro (4art. dan) y profesor de judo, en paralelo a sus investigaciones sobre la historia del cine. Pero desde su entrada como asalariado en el Institut Lumière, presidido por Bertrand Tavernier, había dejado de practicar este arte marcial.

Con Judoka (Stock, 2021), su segundo libro después de Sélection officielle (Grasset, 2017; Selección oficial, Ediciones 36), vuelve a su juventud y su aprendizaje de la vida lo que le lleva a explicar la historia de este deporte en paralelo a la del cine y la personalidad que se ha forjado para afrontar el mundo de las salas oscuras, con su imaginario, su magia, su glamour y también sus vanidades. Acordarse de sus combates y sus cursos en las salas de la periferia lionesa, le conducen a hacer un trabajo de introspección que contrasta con el lado más luminoso de su oficio.

Por esta razón, fue una suerte poder hacer la entrevista a principios de abril en su despacho del Instituto cuando la pandemia de la Covid seguía bloqueando los desplazamientos y mantenía cerrados los cines en Francia. Y justo días después de la muerte del presidente Tavernier, el 25 de marzo, a quien también tuvimos la ocasión de entrevistar en el Festival Lumière en 2019. Lógicamente, la conversación comenzó en torno a esta figura tutelar a la que retornamos durante toda la entrevista.

Una entrevista que acaba con un añadido de última hora sobre el anuncio de la reapertura de los cines en el país tras seis meses y medio y las declaraciones de Frémaux sobre la próxima edición del Festival de Cannes excepcionalmente entre el 6 y el 17 de julio, “primer acontecimiento mundial pospandemia”. Frémaux, en un despacho de la Villa Lumière lleno de libros y de carteles cinéfilos, muestra su gran versatilidad tratando todos los temas y su habilidad para esquivar elegantemente en el interior y el exterior de la entrevista los más espinosos como si sobre un tatami nos encontráramos.       

¿Cuál es el vacío que ha dejado la desaparición de Bertrand Tavernier en el Instituto Lumière? ¿Cómo lo estáis viviendo?

“Personalmente, siento un vacío afectivo y humano, pero también una falta cinéfila. En el Instituto Lumière, Bertrand no estaba en la dirección diaria pero su presencia a nuestro lado era permanente. Llamaba, tenía ideas sobre la programación, sobre homenajes. Ha dejado una huella tan grande que tendremos mucho en que inspirarnos. Casi es una motivación suplementaria. La vida continúa, pese a todo”.

¿Os esperabais esta desaparición? Porque había estado enfermo, se sabía. No pudo venir al Festival Lumière en octubre pasado, pero usted leyó su discurso dirigido a los hermanos Dardenne

“Tenía problemas de salud, y no se escondía de ello… Pero no imaginábamos que esto fuera tan de prisa…”.

En la carta que envió a los abonados del Instituto Lumière, explica que escuchaba la música de su película Autour de minuit (Alrededor de la medianoche, 1986), de Herbie Hancock, en estos últimos días…

“Quince días, tres semanas antes, todavía veía películas, escribía sus memorias. Y escuchaba mucha música, mucho jazz. Cuando salió del hospital, volvió a su casa, en Sainte-Maxime. Murió allí, cerca de su esposa”.

¿Podremos leer sus memorias? ¿Las pudo terminar?

“Sí, se podrán leer. Lo que está escrito, está escrito. ¡Y es magnífico!”.

Y tenía el proyecto de alargar la historia de los cincuenta años de cine americano a los cien años…

“Si, es un inmenso proyecto que le propuse hace unos años. Se llamará ‘100 años de cine americano’. El coautor, Jean-Pierre Coursodon (1935-2020), había corregido sus textos y Bertrand los suyos, ¡aunque él no paraba nunca! Ahora nos toca editarlo, fabricarlo, publicarlo”.

Les reacciones a la muerte de Bertrand Tavernier

VICENÇ BATALLA | Bertrand Tavernier y Thierry Frémaux, a la izquierda, con el Premio Lumière 2019 Francis Ford Coppola y la traductora Massoumeh Lahidji
VICENÇ BATALLA | Bertrand Tavernier y Thierry Frémaux, a la izquierda, con el Premio Lumière 2019 Francis Ford Coppola y la traductora Massoumeh Lahidji

Se sabe que hay muchos realizadores y realizadoras que se emocionaron por su desaparición…

“Enormemente… “.

Martin Scorsese, pero no únicamente él…

“Clint Eastwood, Quentin Tarantino, Nanni Moretti… Cristian Mungiu, que fue su asistente en ‘Capitaine Conan’ (‘Capitán Conan’, 1996)… Su desaparición fue muy sentida, lo que prueba su importancia como cineasta y como ser humano. Las televisiones han programado sus películas. Y han sido grandes éxitos de audiencia, y un gran éxito crítico. ¡A la gente le ha encantado volver a ver sus películas! ‘Coup de torchon’ (no estrenada en España, 1981) es primero en Netflix en Francia. La emoción ha sido enorme, como ocurrió con el actor Jean-Pierre Bacri (muerto el 18 de enero pasado) de quien nos dimos cuenta hasta qué punto era popular. Bertrand también era muy querido”.

Aunque una parte de la crítica no apreciaba sus películas…

“Una familia crítica particular, la que proviene de los ‘Cahiers du Cinéma’…”.

Sí, en algunos artículos sobre su muerte se decía que estaba en contra de las capillitas en el cine, pero se recordaba que esta posición no es posible cuando se juzga necesario tomar partido…

“Él estaba en contra de las capillitas, pero algunas capillitas estaban en contra de él…”.

¿Le sorprendió el artículo de ‘Libération’?

“No, no me sorprendió. Ya me lo esperaba”.

Porque usted ya los conoce…

“Libération’ no sería ‘Libération’ si hubiesen dicho: “¡ah, pobre Bertrand Tavernier que acaba de morir!” Pero yo hubiera preferido que hubieran escrito sobre su cine cuando sus películas llegaron a Netflix hace unos meses, no en el momento de su muerte porque era actualidad. Habían tenido mucho tiempo para decir hasta qué punto lo detestaban. El hecho de hacerlo en el momento de su muerte, con una foto en la portada del diario, a muchos lectores les pareció discutible”.

Es un poco el carácter cortante que a menudo tiene Francia.

“Y especialmente su crítica de cine”.

¿Y no es una característica también de los espectadores?

“Bertrand consideraba normal ser juzgado, normal el hecho de no ser querido por todos. Pero sabe, la sorpresa no vino de ‘Libération’ o de ‘Le Monde’ que habló de un ‘artesano’ y ya se sabe que la palabra artesano, en su boca, es peyorativa. La verdadera sorpresa es hasta qué punto su cine y su personalidad eran queridas, y cuánta gente lo ha querido manifestar. Ahora, que se le deje en paz. Y el tiempo juzgará”.

La formación de un carácter explicado en Judoka

VICENÇ BATALLA | Thierry Frémaux, acompañando a Anne Cherhal en la canción <em>Paroles, paroles</em>, en un concierto del Festival Lumière 2020
VICENÇ BATALLA | Thierry Frémaux, acompañando a Anne Cherhal en la canción Paroles, paroles, en un concierto del Festival Lumière 2020

Si hablamos de Judoka, Bertrand Tavernier aparece varias veces. Fue él quien le propuso pasar del voluntariado a profesionalizase en el Instituto Lumière.   

“Justamente, yo vengo del deporte. Vengo del judo, de los clubes. Vengo también, lo explico, de una familia que se sentía comprometida. En mi caso era el deporte, y acaba convirtiéndose en el cine. Gracias a Bertrand Tavernier. En ese momento, soy universitario pero sé que el cine será el tema de mi vida. Amo la cinefilia, también. Como aprendiz de historiador, trabajo sobre la revista ‘Positif’, que nació en Lyon. Bernard Chardère, el fundador de ‘Positif’ en 1952, es el primer director del Instituto Lumière, Bertrand Tavernier el primer presidente. Ya es una gran figura, un cineasta que yo admiro. Lo admiraba antes de trabajar con él. Para mí, ‘Coup de torchon’ o ‘L’Horloger de Saint-Paul’ (no estrenada en España, 1974) eran grandes películas. Fuera de la ‘Nouvelle vague’ y sus hijos, constituía uno de los grandes cineastas franceses, con Blier, Corneau, Sautet y algunos otros. Con Bernard Chardère, representa un segundo punto de anclaje. Yo me dije: quiero trabajar voluntariamente como he hecho con el deporte, en el Instituto Lumière. Y, años después, me convierto en director porque Bernard Chardère y Bertrand Tavernier me hacen confianza”.

De hecho, la escritura de Judoka es el reconocimiento de lo que le formó como persona hasta los treinta años, y que había dejado de lado durante estos últimos treinta años. Una formación de carácter para trabajar en un entorno como el del cine, que no es fácil.

“Sí, es exactamente eso. Hoy solo hablo todo el tiempo de cine. Y, antes, solo hablaba de judo. Al escribir, me di cuenta de que seguía estando allí. Me quise acordar de que tenía otro mentor que era mi profesor de judo, Raymond Redon, a quien le dedico el libro. Me dije que estaba ligado. Al final del libro, explico que el hecho de haber practicado un deporte oscuro, desconocido, porque no es el fútbol, esto quizás me formó para convertirme en cinéfilo, en las partes oscuras de la historia del cine. A tener la costumbre de interesarme por Jigoro Kano (inventor del judo). Nadie sabe quién es. Y, a su vez, me intereso también por André de Toth (realizador húngaro-americano), ¡que nadie sabe quién es! Y, de alguna manera, este gusto por la minoría me fue dado por el judo y esto me ha servido como arma en mi trabajo. Es decir, saber que hay que luchar por lo que uno cree y no seguir el rebaño. Lo he vivido en el judo, lo he vivido después en el cine. Y toda una serie de actitudes humanas, de relaciones, pero sobre todo de resoluciones sociales. Como usted, hacer este oficio ahora que son las siete de la tarde, si trabajamos es porque creemos en lo que hacemos. No trabajamos solo porque nos paguen… Esto lo he aprendido en el judo, no lo he aprendido haciendo política. Porque rechacé hacer política. Pero admiro a quienes hacen política”.

¿Le ofrecieron entrar en política?

“Sí. Admiro a quien se compromete políticamente. Pero yo lo hago de otra manera. Parafraseando a Godard, que decía: “no hay que hacer cine político, hay que hacer políticamente cine”, yo me decía “no hay que llevar una vida política, hay que lleva la vida políticamente”. Me di cuenta hasta qué punto todo esto estaba relacionado. Somos una generación de cadetes. La erudición necesaria en el judo es la misma erudición en cinefilia. Acordarse, decirse: “siendo pequeño, tengo algo, conozco el judo; adulto, tengo otra cosa, conozco el cine”. Hay muchas cosas que yo no conozco en la vida, pero conozco el judo y conozco el cine. Y he querido acordarme del joven que era cuando era judoka, qué me ha aportado todo esto. Acordarme que quería seguir siendo profesor de judo. Ser universitario, escribir libros y hacer judo. Es algo que me iba muy bien”.

La literatura ya le atraía…

“La literatura y la historia me atraían. Yo era un “aprendiz de historiador”, me decía mi profesor de tesis. Y no quería marcharme de Lyon. Desde que llegué al Instituto Lumière, no me he ido nunca más. Gilles Jacob (expresidente del festival de cine), lo comprendió cuando me propuso Cannes: “De acuerdo, entiendo que quiera guardar un pie en Lyon”. Porque mis compañeros mayores Freddy Buache, en Suiza (fundador de la Filmoteca Suiza), Fred Junck, en Luxemburgo (fundador de la Filmoteca Luxemburguesa), Raymond Borde (fundador de la Filmoteca de Toulouse), Bernard Chardère… esta gente se quedaba allí donde estaba. Curiosamente, yo nunca tuve ambición. Sin duda el judo te enseña la modestia. Soy delegado general del Festival de Cannes, el festival más grande del mundo. Tengo una suerte y un privilegio fantásticos, pero nunca tuve la ambición de ello. He hecho lo que tenía que hacer. Me he realizado allí donde me tenía que realizar. Y continúo, pero quizás también porque en un momento determinado, y esto lo he entendido gracias al judo, comprendí que mi misión era consagrarme a los cineastas, siendo un animador cultural. Dejarme llevar por el placer de defender sus películas, el placer de acogerlos, de hacerlos felices. Era lo mismo que enseñar judo, ocuparme de un muchacho y llevarlo hasta el cinturón negro. Es decir: estamos aquí para los otros”.

Esto quiere decir que de la misma forma que hubiera podido convertirse en profesional del judo, hubiera podido convertirse en cineasta, haciendo películas, pero que prefirió trabajar en lo colectivo.

“Absolutamente. Es por esto que ahora escribo libros porque me digo que, al menos, tengo que hacer algo personal. O documentales sobre los Lumière (el guión y narración de ‘Lumière! Comienza la aventura’, 2017). También sé que uno tiene que realizarse para no lamentarse… Todo cinéfilo quiere intentar hacer películas. Pero llegué a la calle del Primer Film, aquí, y se tenía que hacer todo. Era más útil construyendo el Instituto Lumière, haciendo bien el relevo de Gilles Jacob, que añadiendo otra película a la historia del cine. ¿Aún otra película? ¿Con talento, sin talento? No era lo que tocaba. Es una especie de sabiduría, proviene del judo”.

Lo que le ha permitido afrontar el público, por una parte, y afrontar las tensiones que siempre hay detrás del circuito del cine…

“Sí, es por ello que en el libro también he querido hablar de la derrota. La derrota no es grave, si se aprende”.

La caída…

“La caída, y después la derrota. La victoria no es bella si no se retiene algo. Y, a veces, se aprende más de una derrota que de una victoria. El año que acabamos de pasar, todos en el planeta, esto nos ha servido de mucho, ¿no? Es necesario que nos sirva para algo”.

Los Lumière y Jigoro Kano

ARCHIVO | <em>Judoka</em> (Stock), la autobiografía de juventud de Thierry Frémaux que hace un paralelismo entre el judo y el cine
ARCHIVO | Judoka (Stock), la autobiografía de juventud de Thierry Frémaux que hace un paralelismo entre el judo y el cine

¿Habría podido escribir el libro sin la pandemia?

“Sí, estaba previsto. Incluso lo tenía que acabar antes de la pandemia, lo terminé durante. Pero iba con retraso evidentemente (sonrisa)…”.

¿Conclusión?

“Al final, todo lleva a la sabiduría. Tengo sesenta años… Pero no me siento con sesenta años. Bertrand Tavernier, aparte de sus películas, siempre se consagró a los cineastas. Y yo, también a él y a todos los cineastas. Espero que haya jóvenes generaciones capaces de admirar. Nuestra divisa venía de Victor Hugo: “¡admiro como un bruto!”. ¡Muy bueno! Bertrand me hizo reflexionar sobre ello. Me influenció, para el cine. En este libro quería decir que, en la vida, primero de todo, yo aprendi a admirar por el deporte: Muhammad Ali o Eddy Merckx”.

Me acuerdo bien de la primera edición del festival Deporte, Literatura y Cine, aquí en el Instituto Lumière, con la presencia emblemática de Eddy Merckx.

“Admirar a Eddy Merckx, admirar a Giacomo Agostini, admirar a Jean-Claude Killy, para mí es lo mismo que admirar a Eisenstein, o Martin Scorsese. Es la capacidad de admirar, de admirar la belleza, el talento… Pero uno también tiene que realizarse. Yo me realicé convirtiéndome en profesor de judo, formando a niños. Y me realizo aquí, y me realizo menos desde hace un año porque no se puede trabajar correctamente, pero me realizo aquí o en Cannes consagrándome a los otros”.

Hay otra cosa que la gente no sabe, sobre todo si no son de Lyon, y es que creció en el barrio de Minguettes, en Vénissieux, en los suburbios lioneses. Un proyecto progresista de polígono con sus grandes torres en los años sesenta, que se convirtió en los años ochenta en un lugar de los males sociales. ¿Esto le dio una imagen mucho más abierta del mundo?

“Está claro. Porque que yo soy originario de una familia de campesinos, porque mis padres estaban muy comprometidos políticamente, porque vivíamos en un polígono de pisos, en una ZUP (Zona de Urbanización Prioritaria), porque en el judo había al mismo tiempo un mestizaje social como en el cine… Yo crecí con los ‘Cahiers du Cinéma’, no con ‘Positif’. Y, un día, supe que había ‘Positif’. Agarré las dos, y hablé con Bertrand quien me explica: “a mí me encantaba decir cosas buenas de Delmer Daves en ‘Cahiers’ y de Samuel Fuller en ‘Positif”. Ser de izquierdas con gente de derechas, y de derechas con gente de izquierdas. ¡Viva la democracia! Hoy día, puedo decir cosas muy fieles de la clase popular con la que crecí, y muy infieles de los que hablan en nombre de la clase popular sin conocerla: la izquierda de los años ochenta, noventa… No toda la izquierda. En esto, nos encontramos con Bertrand. Él era de izquierdas, pero fue uno de los primeros en protestar contra los acuerdos con Berlusconi, contra la falsa modernidad de la cual la izquierda francesa se hacía defensora. Y recibió críticas de la gente de izquierdas, pero les decía: “reconozco el realismo del Gobierno, pero no me impediréis hablar, aunque sea de vuestra familia política”. Esta honestidad es importante. Como en el libro de los cincuenta, o los cien años de cine americano, cuando dice: “me equivoqué sobre tal o cual cineasta, he vuelto a ver sus películas, he cambiado de opinión”.  Discutirse, reconciliarse, cambiar de opinión, ¿no es esta la mejor de las trayectorias?”.

A veces, es una cuestión de orgullo…

“El orgullo impide muchas cosas, y la sabiduría permite muchas cosas. ¡O quizás es lo contrario!”.

Otra cosa que remarca en el libro es que el judo y el cine nacen más o menos en la misma época. Aquí hay un paralelismo en que no se había pensado. Es una buena manera de explicar la historia de los dos a la vez.

“Yo ya me interesaba a Jigoro Kano, y ya sabía que había un libro por hacer sobre el judo. Mi editor me recordaba que tenía que ser muy personal. Y yo le contestaba: “¡sí, pero quiero hablar de Jigoro Kano!” Es por esto que hay esta arquitectura que alterna los capítulos históricos y los pasajes más personales. Cuando André de Toth estuvo aquí, dijo que el Instituto Lumière es La Meca, es Belén. Yo pensaba: ¡es el Kodokan! ¡Allí donde nació el judo! (donde Kano abrió su primera sala en Tokio, en 1882). Es verdad que esta relación me interesaba. Adoptándolo como un personaje principal, asumía el riesgo de que la noble figura del inventor no fuera tan perfecta en la realidad”.

Jigoro Kano muere en 1938, en un momento una poco complicado…

“Quizás el individuo se hubiera podido revelar un belicista de primer orden. En realidad, la persona que inventó el judo también es un hombre que siempre se comporta bien. Formaba parte de aquellos que, a finales del siglo XIX, piensan que el futuro será formidable… El futuro no fue formidable. El siglo XX fue horrible. El cine integraba también esta utopía, y este paralelismo es muy bonito, no solo del judo sino de la historia del deporte, en general. No únicamente del cine, y del cinematógrafo, sino de la historia de un mundo que va hacia un futuro que no tiene que ser el de la dureza, el de las fábricas del siglo XIX, el del Antiguo Régimen… Después, no fue el caso. Es por ello que me intereso mucho, a causa de la pandemia, por todos los debates sobre el mundo de después”.

Y, de hecho, no hay muchas películas sobre el judo.

“Hay muchos grandes documentales sobre el deporte, pero no hay grandes películas sobre el deporte. Los norteamericanos han hecho muchas. Pero no hay grandes películas sobre el fútbol. Está ‘Raging bull’ (‘Toro salvaje’, Martin Scorsese), para el boxeo. Está ‘Any given Sunday’ (‘Un domingo cualquiera’, Oliver Stone), para el fútbol americano. ‘Blue chips’ (‘Ganar de cualquier manera’), de William Friedkin, sobre el baloncesto. Hay cosas. En el fútbol, existe ‘Coup de tête’ (‘El cabezazo’), de Jean-Jacques Annaud, que no está mal. Pero es complicado. ¿Sabe por qué? Porque la televisión ha filmado el deporte. Por tanto, el reflejo de imágenes que tenemos es el de la televisión. Excepto el boxeo, porque en este caso ha habido la fotografía, y la literatura. No en el fútbol, en el ciclismo… Pero las pocas películas que hay sobre el judo son formidables. ¡El film de Kurosawa! Es genial que la primera película de uno de los cineastas más grandes de la historia sea sobre el judo (‘La leyenda del gran judo’, 1943). Poca gente lo sabía y, por esto, hice un capítulo sobre ello”.

Un nuevo diario sobre la pandemia

VICENÇ BATALLA | Thierry Frémaux, oficiando en el Festival Lumière 2020 que pudo salvar su edición en octubre pasado y honoró a los hermanos Dardenne
VICENÇ BATALLA | Thierry Frémaux, oficiando en el Festival Lumière 2020 que pudo salvar su edición en octubre pasado y honoró a los hermanos Dardenne

En vuestro primer libro, Selección oficial, que he leído por secuencias porque es un diario, se ha dicho que había quizás demasiado name-dropping. Yo lo encuentro más bien un libro de un admirador de la gente que cruza en el Festival de Cannes o en el Festival Lumière, en Lyon.

“No, es muy simple. Al final de ‘Selección oficial’, yo mismo pronuncié la expresión ‘name-dropping’. En Francia, mucha gente la ignoraba. Y, porque yo lo dije, ellos dijeron: “hay un poco demasiado de ‘name-dropping” (sonrisa). Pero yo lo dije para bromear. Pero, ¿por qué? Porque, en mi vida, yo hablo con gente que es gente conocida. Es mi trabajo, no tiene porque sorprender. En estos momentos estoy escribiendo un nuevo diario: el diario de la pandemia, o más bien el diario del Festival de Cannes que no se celebró el año pasado, y por el mismo motivo que no se sabe si se celebrará en 2021. Estaremos muy lejos del ‘name-dropping”.

Pero podemos reconocer que en Judoka se implica más.

“Es más personal. Quizás porque está relacionado con la infancia”.

Va más lejos, entra mucho más en su interior, en lo vivido… Y, de golpe, es más atemporal.

“Mi historia con el judo me pertenece a mí, mientras que Cannes es colectivo…… Cuando hablo de Cannes, hablo de nuestra comunidad, de mí en el interior de la comunidad. ‘Judoka’ es más personal”.

Y, cuando acabó la escritura, ¿se vio diferente?

“Es extraño, porque es un libro el cual tengo que reconocer que es muy querido, que no suscita ninguna crítica negativa o comentario malicioso. Es una especie de autobiografía de juventud. Me acordé del futuro adulto en que me iba a convertir. Pero el cumplido más bonito que me han hecho es que muchos judokas, célebres o anónimos, me han dicho: “eres tú, pero soy yo; tu juventud es mi juventud; lo que tú explicas, yo lo he vivido; yo he vivido la caída, yo he vivido el aprendizaje; yo he vivido el miedo a la derrota; yo he vivido la embriaguez de la victoria; yo me convertí en profesor; yo me interesé por los campeones; yo era judoka, y todo el mundo me dejaba de lado; yo era cinturón negro”. Todo el mundo me ha dicho: “lo que tú describes, nosotros lo hemos vivido”. Estoy muy orgulloso de ello”.

Quizás ha sido más sincero que nunca…

“Y porque, por otro lado, es una vida que no había sido explicada por nadie. Es una vida vivida intensamente, pero no explicada. La mía, y la de todos los otros… Yo he hablado de mi época, y de mí como chico. Otro judo tendría que ser explicado por las chicas. Hoy en día, el judo, en Francia, tiene mucha fuerza entre las féminas. Y, especialmente, atletas que vienen de la periferia, como yo”.

Se habla mucho del boxeo femenino en Francia, no tanto del judo…

“Son ellas a quienes le toca explicarlo”.

Cita en el Festival de Cannes

ARCHIVO | <em>Sélection officielle. Journal</em> (Grasset), un dietario donde Thierry Frémaux resigue su vida durante un año, desde el Festival de Cannes de 2015 al de 2016
ARCHIVO | Sélection officielle. Journal (Grasset), un dietario donde Thierry Frémaux resigue su vida durante un año, desde el Festival de Cannes de 2015 al de 2016

Me hablaba del mundo pospandemia. ¿Cómo imagina su oficio?

“Mi oficio, o nuestros oficios, incluso usted como periodista. Primero, evolucionarán. Evidentemente, la revolución internet lo cambia todo. Incluyendo la llegada de las plataformas, claro. El éxito de las plataformas, el triunfo de las plataformas, en el momento en que las salas están cerradas, es una constatación terrible que nos tiene que hacer reflexionar”.

Respecto a Cannes, y con los nuevos anuncios del gobierno francés, ¿la vía está despejada para poder celebrar finalmente el festival del 6 al 17 de julio?

“Sí, Cannes se celebrará. Dijimos que no habría un segundo año sin festival. Rechazamos hacer un festival ‘online’ que es una absurdidad, porque es exactamente lo contrario de lo que es un festival. Nosotros queríamos esperar el mejor momento y está a punto de llegar. Es evidente que hay que mantener una prudencia necesaria respecto a una epidemia que está lejos de haberse vencido, pero es una formidable noticia para nosotros, como para nuestros colegas de las salas de cine, de los museos, de los teatros, etc… Nos podremos desplazar más lejos, volver a los restaurantes, a los estadios y pronto a las salas de conciertos. Pero sin sacarnos las mascarillas, sin perder las distancias, sin dejar de ponernos la vacuna cuando sea nuestro turno.

En julio, haremos un Cannes con un aforo al 100%, ¡otra información inimaginable hace poco! Y con los restaurantes y terrazas rellenos. ¡Y sin toque de queda! Estamos contentos de este desenlace, y más aún de los maravillosos mensajes que nos llegan y nos felicitan por “haber aguantado”… Nosotros no hemos aguantado, nosotros solo hemos hecho lo que teníamos que hacer, con la fuerza de nuestras convicciones y de nuestros deseos, que también con el de los asistentes al festival. Lo que nunca hemos hecho es ceder a la impaciencia, a la irresponsabilidad ni al desánimo. Esto no ha sido difícil: es un privilegio tan grande estar allí donde estamos, al servicio del cine mundial. Por tanto, nos encontraremos todos en el sur de Francia para el primer acontecimiento mundial pospandemia. Será el festival de los reencuentros”.

Y sabiendo que las salas reabrirán en Francia poco a poco a partir del 19 de mayo después de seis meses y medio cerradas, ¿piensa que los espectadores tendrán ganas de retornar al cine en pantalla grande? 

“No tengo ninguna duda. Hace un año, en Francia, entre los meses de julio y octubre, la gente demostró que seguían estando interesados”.

Pero habremos pasado medio año sin salas de cine. En la primavera pasada, el cierre fue de tres meses. Y, mientras tanto, la gente ha continuado abonándose a las plataformas porque no había otra forma de ver películas nuevas. ¿No tiene miedo, aquí en el Instituto Lumière, de un cambio de hábitos?

“El cine siempre se ha confrontado a muchas cosas. La diferencia es que cuando se confrontó a la televisión en los años cincuenta, al vídeo en los años ochenta, a internet hace quince años, las salas estaban abiertas. Se podían defender. Ahora, las salas han estado cerradas y afrontan una competencia brillante, moderna, creativa. Por tanto, le tocará a las salas, nos tocará a todos nosotros inventar una forma atractiva que sea nueva…”.

Entrevistas con Bertrand Tavernier realizadas por la televisión Arte sobre sus películas y comentando las de los otros

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