Suleiman, testimonio de un palestino mudo sobre el mundo

ARCHIVO | El director y actor de It must be heaven, el palestino Elia Suleiman, en una de las escenas en París
ARCHIVO | El director y actor de It must be heaven, el palestino Elia Suleiman, en una de las escenas en París

VICENÇ BATALLA. El palestino Elia Suleiman no se prodiga demasiado en películas, pero cada vez que está en competición en Cannes llama la atención. Como con It must be heaven, un paseo mundial por París y Nueva York para este exiliado de Nazaret que adopta la postura entre lacónica y ácida de un Jacques Tati o un Buster Keaton. Un final de competición, que en la sección paralela Un Certain Regard, ya ha otorgado premios al gallego Oliver Laxe y el catalán Albert Serra.

La presencia en el Festival de Cannes de Elia Suleiman es un poco como su personaje de ficción, protagonista de sus propias películas: con gesto impasible, sube la alfombra roja como si estuviera allí por casualidad bastante alejado del supuesto glamour. De hecho, vemos subir el Buster Keaton del cine mudo norteamericano o el Jacques Tati francés que en los años cincuenta y sesenta volvía a utilizar el mimo, sin diálogos, para reflejar a nuestros ojos el absurdo de nuestra época.

El resto de personajes circunstanciales de Suleiman sí hablan, pero él no. Bueno, sólo para decir en este último filme en un taxi en Nueva York que es de Nazaret. De esta ciudad en el norte de Israel se fue en los años ochenta para comenzar un periplo internacional de profesor y cineasta. Hasta que volvió a Jerusalén y rodó en 2002 Intervención divina para recordar, con esta clave de humor agrio, las dificultades de una pareja en los territorios ocupados para encontrarse a un lado y otro de las barreras israelíes. Era un manifiesto palestino, pero sin utilizar los típicos códigos al uso. Entonces recibió el Premio del Jurado, la Palma de Bronce.

Volvió en 2009 con The time that remains, no estrenada en España, donde recreaba la convulsa historia del Estado hebreo. Y en la actual It must be heaven comienza el relato en su tierra para explicar, sin palabras, por qué se fue. Con una primera parada cinematográfica en París, donde descubre que la militarización de la sociedad no es ajena a Israel. Y donde los productores de la industria (interpretado por el mismo Vincent Maraval de Wild Bunch que le distribuye el filme) le dicen que su guión no es lo suficientemente palestino para financiarlo. Esta es la clave de la película.

Porque con su mirada entre ingenua y maliciosa, lo que Suleiman nos quiere hacer ver es que él sigue siendo palestino sea lo que sea y haga lo que haga. Y eso no le impide ser un ciudadano universal y observar que, en el extranjero, la gente vive igual de estresada, neurótica y fugitiva. Pero esta crítica la hace a través de unos gags que nunca pierden ni el humor ni la poesía de sus imágenes.

Todo lo contrario de la cinta que cerraba la competición del festival, Sibyl, de la francesa Justine Triet. La prensa del país la ha enaltecido, porque además se estrenaba este viernes. Y su resultado es, de hecho, el filme más flojo de la selección. Llena de tópicos de cine de autor y con un intento fracasado de mezclar la comedia como lo podían hacer en su mejor época los realizadores italianos.

Triet, que obtuvo un gran éxito comercial hace tres años con Los casos de Victoria y la belga Virginie Efira ya en el papel protagonista, quiere repetir fórmula juntado aquí complejidad a la trama. Y añadiendo como actores a Adèle Exarchopoulos, Gaspard Ulliel y Sandra Hüller. Y lo que sale es un guión, montaje e historia de neurosis urbanas que no tiene ninguna verosimilitud ni atractivo. Solo decir que el título Sibyl, en medio de toda esta vana pretenciosidad, responde al nombre de la segunda hija Sybille del psicoanalista y filósofo Jacques Lacan.

Oliver Laxe y Albert Serra, premiados

Por su parte, el jurado de la sección paralela Un Certain Regard presidido por la libanesa Nadine Labaki ya ha otorgado sus galardones. Y el gallego Oliver Laxe, con O que arde, se ha llevado el Premio del Jurado que es la segunda máxima distinción. Por su parte, el catalán Albert Serra con su atrevida Liberté ha obtenido el Premio Especial del Jurado que se concedió de forma expresa para la ocasión. El Premio Un Certain Regard, que es el principal, se la ha llevado el brasileño Karim Aïnouz por Vida invisivel life of Eurídice Gusmao. Desgraciadamente, nos ha sido imposible ver el total de los dieciocho filmes de la sección. Pero, a continuación, hacemos la relación de los ocho premiados.

UN CERTAIN REGARD

Premio Un Certain Regard: Vida invisivel life of Eurídice Gusmao, de Karim Aïnouz (Brasil)

Premio del Jurado: O que arde, de Oliver Laxe (España/Galicia)

Premio de Interpretación: Chiara Mastroianni por Chambre 212, de Christophe Honoré (Francia)

Premio a la Dirección: Beanpole, de Kantemir Balagov (Rusia)

Premio Especial del Jurado: Liberté, de Albert Serrra (España/Cataluña)

Coup de Coeur del Jurado (ex-aequo): La femme de mon frère, de Monia Chokri (Canadá/Quebec); The climb, de Michael Angelo Covino

Mención Especial del Jurado: Jeanne, de Bruno Dumont (Francia)

 

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